viernes, 31 de agosto de 2007

SEPTIEMBRE 7 EL CIELO DIVIDIDO EN CINES



por Iván Morales

Amor y dolor. Silencio y comunicación íntima. Dicotomías sobre las que encuentra sus cimientos la “nueva” –por fin, luego de más de un año de espera– cinta de Julián Hernández: El cielo dividido. De entrada la advertencia: con sus poco más de dos horas de duración y tema explícita y orgullosamente gay, no es un filme para todos. Sin ningún tapujo ni restricción moralista, la historia de amor entre Jonás y Gerardo confirma a su director como una verdadera punta de lanza en el cine de temática homosexual de nuestro país. Como ya es usual en él, el director utiliza planos secuencia que se antojan demasiado largos pero que, sin embargo, logran transmitir la profunda soledad de una relación estancada en la cotidianeidad. El filme es también un experimento de regreso al cine silente, aquel de grandes gesticulaciones (aquí sustituidas por demostraciones de amor que dejan poco a la imaginación) y tarjetas con diálogos evidenciando puntos clave de la trama (aquí evolucionadas a un desafortunado narrador que interrumpe con descripciones de lo que ya estamos viendo). Sobresale su atinado manejo de cámara que torna cualquier paisaje, al parecer mundano, una experiencia notable –como una bellísima escena en la alberca de la Ciudad Universitaria– y sobre todo, por el valor de un cineasta que se atreve a nadar contra la corriente y encontrar la manera de transgredir con su historia de amor. O más bien, del más artero desamor.

VEREDICTO

Una dolorosa historia de amor que cautiva, pero que se engolosina demasiado en sí misma y su propuesta artística, perdiendo por momentos al espectador.