viernes, 31 de agosto de 2007

El Cielo dividido Sortie du 16 mai 2007

Un film de Julian Hernandez

La fin d’une liaison, regardée d’une manière purement
formalisme tout en parvenant à se donner au spectateur avec un naturel confondant.

(2006, Mexique, 2h20)
Avec Miguel Angel Hoppe, Fernando Arroyo, Alejandro Rojo…








Synopsis :
Gerardo rencontre Jonas et les deux garçons tombent amoureux. Ils ne se quittent plus, ne peuvent plus se passer l'un de l'autre, se touchant sans cesse, s'aimant sans cesse. Mais, pendant une nuit fatidique en discothèque, le lien entre eux est déchiré par le baiser occasionnel échangé entre Jonas et un étranger, Bruno. Dès lors, Jonas ne cesse de s'imaginer dans les bras de cet étranger et rejette Gerardo. Frustré et tourmenté, celui-ci cherche le réconfort dans des rapports anonymes et remarque, pour la première fois, Sergio, un garçon qui le couve des yeux depuis le début de sa relation avec Gerardo…



Critique : A Mexico, ville d’altitude, Julian Hernandez raréfie le dialogue et synthétise les rapports autour d’enjeux éclairés par la force visuelle de la mise en scène et un matérialisme qui se lie intelligemment à l’état d’apesanteur amoureux. Le jeu s’établie sur le fétichisme de la peau, des vêtements et des lieux (discothèques, hôtels, marches imposantes des escaliers menant à la faculté). Ils prennent une dimension particulière, très palpable et rendue possible par le pari de la durée, de l’étirement sensuel des séquences, de leur répétition et de leur minimalisme intrinsèque. L’irruption de la permanence et la joie qu’elle procure veut s’opérer contre la distance et contre le temps, le fusionnement graduel et le souci des rituels participent bel et bien d’une préservation de la continuité de ces micro évènements, sentiments et cruciaux.







Purement formaliste, le film réussit à se donner à nous de manière naturelle : Gerardo et Jonas se trouvent parce qu’ils se cherchaient. Jusqu’à la nuit où Bruno s’immisce entre eux… Jonas entame une liaison avec lui mais il n’a pas l’énergie ou l’audace de la poursuivre. Gerardo, alors, ne voit plus en Jonas que le signe précurseur d’une mort irrévocable. Ils n’ont pas l’intention de se séparer, mais la nouvelle forme de leur vie soulève des problèmes eux aussi nouveaux, et beaucoup de questions. El Cielo Divido : Une fêlure est apparue dans le ciel… Peu à peu, entre sorties et journées d’études patiemment mises à place par la réalisation de Julian Hernandez, Gerardo se persuade que Sergio est l’homme qu’il attendait depuis toujours. En couchant avec lui, il parvient à s’affranchir du souvenir de Jonas. Gerardo et Jonas s’aiment, peut-être jusqu’à la fin de leur vie, mais leur séparation est inévitable. Sous le ciel de Mexico, deux vies se sont jouées.



Julien Welter

LA MONEDA Y SUS CARAS (I DE II) por Luis Tovar

Actualmente pueden verse dos películas mexicanas cuyas respectivas intención, ejecución y resultados hacen perfectamente elocuente, al contrastarlas, lo dispar que puede ser nuestro cine contemporáneo, incluso cuando -como es el caso- una misma instancia ha participado en la producción de ambas.

LAS NUBES, JULIÁN Y EL CIELO

La primera de ellas es El cielo dividido (2006), segundo largometraje de ficción de Julián Hernández, autor de la premiada y muy comentada Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor (2003). Exhibido previamente en la más reciente edición del Festival de Cine de Berlín, así como en el XXI Festival Internacional de Cine en Guadalajara, este filme de dos horas con veinte minutos de duración es también un refrendo de la mancuerna de trabajo que, desde hace varios años, Hernández ha mantenido con el productor Roberto Fiesco.

Sólo quien posea una visión muy limitada dará por buena la aseveración según la cual El cielo dividido es algo así como la rehechura de Mil nubes de paz..., sólo que con algunas diferencias de carácter formal. Este equívoco fue enunciado ya desde la exhibición del filme en Guadalajara, por algunos de quienes conocían el primer largometraje dirigido por Hernández. Quienes así opinan están partiendo de un error de apreciación, que les hace confundir una postura creativa consistente -e igual de importante, también una postura ética consecuente- del realizador a la hora de abordar, no únicamente de nuevo sino en efecto de manera renovada, una temática cuyas facetas desde luego no habían sido agotadas en lo que Mil nubes de paz... proponía.

Aquel desacierto, a su vez, proviene del error que consiste en pensar las cosas forzosamente con vocación de taxidermista, queriendo fijarlo y etiquetarlo todo para, entonces sí, aventurar una definición que se quiere definitiva, así como un juicio todavía más categórico. El cielo dividido sí cuenta la historia de amor y desamor de una pareja homosexual, y por eso forma parte del décimo Festival Mix que por estos días ha tenido lugar en la Cineteca Nacional y otros recintos, pero apresurarse a colgarle un letrero que diga "película gay" no sería útil sino para sacar a flote, lamentablemente, sesgos homofóbicos más o menos latentes en el ánimo de quien con semejante e innecesario ejercicio desea erigirse en clasificador.

Con ser eso, la historia de Gerardo y Jonás es también mucho más que eso. O mucho menos, según se quiera ver; es decir, si el espectador se dispone a prescindir de los adjetivos para que la definición "una historia de amor homosexual" se quede, como en este caso es conveniente que suceda, en una historia de amor, así a secas.

Al respecto, la primera secuencia de la cinta debería bastar para que un criterio amplio y bien dispuesto comprenda que, más allá de homos y heteros, lo que está presenciando es la plenitud de un acto amoroso entre dos seres humanos como somos todos: necesitados de dar, de darse, y de recibir en correspondencia la donación del otro. Así parece asumirlo el director y guionista, pues dicha primera secuencia ofrece, con elegante mesura, la ocasión para ejercer desde una estética depurada ese oficio de voyeur que caracteriza a todo buen cinéfilo. En otras palabras, El cielo dividido abre con una cogida verdaderamente antológica, y no debe dudarse al considerar esa obertura entre las más logradas y memorables imágenes eróticas en el cine, al menos en el mexicano.

Así es el comienzo, pero esa propuesta tampoco deberá mover a nadie a pensar que el registro conceptual de la cinta se queda ahí. Hay, desde luego, un arco dramático a través del cual transitarán los personajes, cifrado en el encuentro, el desencuentro, el deseo aún vivo y no cumplimentado, la frustración, así como la consecuente búsqueda por alcanzar la reanudación. Vale decir, en referencia al título, que se atestigua el intento de unir el cielo, de re-unirlo o, mejor dicho, desdividirlo, y el neologismo sería necesario para asimilar a suficiencia las razones por las que la película escasea en diálogos y abunda en imágenes, muchas de las cuales son de una plasticidad y una belleza contundentes. Con ellas -sobre todo las obtenidas en una Ciudad Universitaria así reivindicada como un espacio urbano insustituible-, Hernández transmite sentimientos y estados de ánimo, más que la sucesión de acontecimientos, todos fugaces, todos concatenados en una lógica de causa-consecuencia más o menos esquemática, a la que suele recurrir cierta narrativa fílmica reciente.

Esa diferencia, por cierto, es la que hará decir a Muchagente que la cinta es demasiado larga, que bien podría prescindir de una media hora. Pero siempre conviene desconfiar de los arreglapelículas cuya exclusiva solución consiste en ofrecer sus tijeras a quien no las ha pedido ni las requiere, como sucede aquí.

SEPTIEMBRE 7 EL CIELO DIVIDIDO EN CINES



por Iván Morales

Amor y dolor. Silencio y comunicación íntima. Dicotomías sobre las que encuentra sus cimientos la “nueva” –por fin, luego de más de un año de espera– cinta de Julián Hernández: El cielo dividido. De entrada la advertencia: con sus poco más de dos horas de duración y tema explícita y orgullosamente gay, no es un filme para todos. Sin ningún tapujo ni restricción moralista, la historia de amor entre Jonás y Gerardo confirma a su director como una verdadera punta de lanza en el cine de temática homosexual de nuestro país. Como ya es usual en él, el director utiliza planos secuencia que se antojan demasiado largos pero que, sin embargo, logran transmitir la profunda soledad de una relación estancada en la cotidianeidad. El filme es también un experimento de regreso al cine silente, aquel de grandes gesticulaciones (aquí sustituidas por demostraciones de amor que dejan poco a la imaginación) y tarjetas con diálogos evidenciando puntos clave de la trama (aquí evolucionadas a un desafortunado narrador que interrumpe con descripciones de lo que ya estamos viendo). Sobresale su atinado manejo de cámara que torna cualquier paisaje, al parecer mundano, una experiencia notable –como una bellísima escena en la alberca de la Ciudad Universitaria– y sobre todo, por el valor de un cineasta que se atreve a nadar contra la corriente y encontrar la manera de transgredir con su historia de amor. O más bien, del más artero desamor.

VEREDICTO

Una dolorosa historia de amor que cautiva, pero que se engolosina demasiado en sí misma y su propuesta artística, perdiendo por momentos al espectador.

viernes, 24 de agosto de 2007